Mujeres sabias en la cultura griega clásica
Ver a Hipatia -en Ágora- dando lecciones a un auditorio formado por hombres será sorprendente para quién haya conocido lo que sufrieron Sophie Germain, Sofía Kovalevski o Emmy Noether para hacerse de un lugar en la ciencia. En pleno siglo XX se objetaba que era inadmisible que los soldados que venían del frente (Gran Guerra) recibieran clases de una mujer.
¿Es verosímil que la filósofa alejandrina diera clases a hombres? El hecho está probado históricamente. De Hipatia no queda obra escrita, pero se conserva la correspondencia con su discípulo Sinesio, el obispo de Cirene.
El hecho no es excepcional. Desde los inicios de la cultura griega se conocen ejemplos. Casi mil años antes de la muerte de Hipatia, Cleóbulo, tirano de Lindos, y uno de los siete sabios de Grecia, educó a su hija Cleobulina en sus artes: Eumetis o Cleobulina se convierte en autora de enigmas en hexámetros. Estamos ante un caso parecido al de Teón con Hipatia: Cleóbulo enseña a Eumetis.
Es de lamentar que haya desaparecido la comedia antigua de Cratino con el título de Las Cleobulinas. Pudiera ser algo como Las mujeres sabias de Moliere o quizá algo más interesante.
Avanzando pocos años, hacia 550 antes de nuestra era, la Escuela Pitágorica incluía mujeres. La primera matemática con nombre propio es Teano, compañera en la vejez del maestro Pitágoras. Un testimonio tardío es el poema recogido en la Antología Palatina:
Pitágoras afortunado, vástago de las Musas del Helicon,
dime cuántos en tu morada se dedican gozosamente
a la ciencia practicar
-Te responderé Polícrates: por la belleza matemática
la mitad se interesa; sobre la naturaleza inmortal
una cuarta parte se vuelca; en total silencio
una séptima se dedica a las voces eternas del alma;
hay tres mujeres, Teano la mejor.
De las Pieridas son las palabras que yo pronuncio.
Resolviendo el problema obtenemos que de 28 personas, tres son mujeres sabias.
Y como último testimonio no podemos dejar de citar por su importancia a la mujer que sirve de referencia a El banquete de Platón: Diotima. En una obra clave de la cultura universal se tiene que recurrir a las enseñanzas de Diotima. Diotima es también el nombre la protagonista de El hombre sin atributos del novelista matemático Robert Mussill.
La propaganda que hace de Hipatia la primera matemática está forzada. Quizá si astrónoma, pero carecemos de escritos originales para confirmar que la filósofa hiciera observaciones o utilizara instrumentos que añadieran algo a lo aportado por Hiparco y Ptolomeo.













