El Fénix vuela cuarenta años después
Con motivo de la inclusión de El vuelo del Fénix en Matemáticas de cine he podido contemplar las diferencias entre la película original de 1965 y la revisada en el 2004. Lo de menos es que la rodada en nuestro siglo ha dejado de ser creíble: en el mundo del GPS todo es diferente. Lo más importante es el matiz caricaturesco añadido al hombre de ciencia.
En los años sesenta todavía había esperanza en la ciencia pese a sus amenazas. El personaje del sabio era distante pero respetable. En el 2004 es un ser frío, infantil y perturbado. El guión retuerce la historia original con los arquetipos de la época: el mundo de la ciencia es visto con una gran desconfianza por el hombre de la calle, y sus representantes son considerados seres anómalos.
Estamos ante un caso claro de la paradoja de nuestros tiempos: nunca la sociedad ha dependido tanto de la ciencia y la matemática, y nunca han estado las personas individuales tan alejadas.
Desde el punto de vista matemático ha desaparecido en la versión reciente la regla de cálculo, ni siquiera es sustituida por una calculadora o un portátil. El cuaderno es una cosa que se porta, donde no hay cálculos.











