El sol de mayo en Estonia
El poeta Kirmen Uribe obtuvo con todo merecimiento el pasado año el Premio Nacional de Literatura por la novela Bilbao-Nueva York-Bilbao, escrita en euskera y traducida pulcramente al castellano.
La novela tiene algún comentario matemático, algún tópico que no puede evitar ni una pluma tan sensible como la Kirmen.
El objeto de estas líneas no es solo recomendar una novela tan modesta y tan renovadora, sino rendir un pequeño homenaje al astrónomo toledano Azarquiel y a su estudioso el profesor Antonio Arribas, que ha diseñado y construido sencillas azafeas.
Cuenta Kirmen que de visita a Käsmu en Estonia, a un congreso de escritores donde:
Después del paseo por el monte nos invitaron a cenar en un edificio junto a la playa. Debíamos cenar a la luz del día, ya que era finales de mayo, y en esa época del año sólo cuentan con tres o cuatro horas de noche en Estonia.
El comentario no tiene ninguna trascendencia. Al aparecer un “o” entre tres y cuatro se deduce la escasa seguridad del autor, y entonces surge la pregunta ¿cuántas horas de luz tienen en Estonia (60ºN) a finales de mayo?
Si hubiera que resolver un triángulo esférico con las fórmulas de Bessell seguramente mataríamos la curiosidad, pero si dispones de una azafea es inmediato: el Sol se oculta ocho horas pero la noche cerrada no llega nunca: las ocho horas son de penumbra.
Demos gracias a Azarquiel y a Antonio que lo mantiene vivo. Con un astrolabio se hace lo mismo pero hay que tener el clima (la lámina) del lugar, mientras que la azafea es universal.












