
He recibido algunas visitas de personas que preguntaban qué hay de cierto en la película que ya han visto más de dos millones de personas.
Una película puede permitirse libertades en el guión tanto por motivos comerciales como por licencias artísticas. No hay nada criticable ni manipulador en ello. Una película no es un ensayo. Las novelas se permiten también muchas libertades, en especial cuando hay tan pocos datos sobre la vida y la obra de Hipatia.
Ágora retrata un mundo en cambio sobre dos hechos históricos incontrovertidos: la destrucción del Serapion del año 391 y la muerte atroz de Hipatia en el 415. El primer hecho es reforzado en la versión cinematográfica y el segundo reducido. La muerte descrita por fuentes cristianas es conmovedora por su horror sin paliativos. Obviamente, Amenábar no ha querido hacer una obra de casquería.
No cambiar de personajes con 24 años de separación es un poco forzado pero verosímil.
Me ha sorprendido el duro tratamiento que se hace de Sinesio de Cirene, el discípulo cristiano de Hipatia. En el cine su actitud es más cruel que la de Cirilo –el malo. Sinesio es la versión hipócrita de Cirilo, y encima traidor. La verdad es que la correspondencia de Sinesio es la mejor fuente sobre Hipatia, pero el obispo de Cirene muere mucho antes que la matemática filósofa. No sé si Amenábar nos llama la atención para que nos cuidemos de pretendidos amigos suaves.
Hipatia manejaba entre otros a Euclides, Apolonio, Diofanto y Ptolomeo. El modelo planetario, la esfera armilar y el precioso cono de Apolonio son realistas. Lo que es muy forzado es poner en su mente la física galileana y kepleriana. El experimento del barco se realizó mucho más tarde en la Italia renacentista por los precursores de Galileo. Curiosamente la nueva Física se empieza a construir en Alejandría, pero no es Hipatia quien la establece sino un comentarista crítico con Aristóteles: Juan Filopón.
La pobre Biblioteca de Alejandría no se destruye en un único tiempo. Todavía quedaban papiros suficientes para que en el siglo VII los integristas musulmanes emularan a los cristianos destruyendo lo que quedaba.
En algún momento de la construcción de la elipse por el procedimiento del jardinero parece deducirse que las estaciones se deben a la cercanía –alejamiento del Sol, eso si es un error de bulto. Las estaciones no son causadas por la pequeña excentricidad de la órbita terrestre sino por la inclinación del eje de rotación de la Tierra.
La sabia alejandrina era una mujer mayor cuando fue asesinada. La belleza y la juventud las pone el cine.
Teón –padre de Hipatia- es una figura con obra más documentada, pero podemos incluirlo entre los comentaristas, entre los epígonos, entre los conservadores de una obra cuya edad de oro ya ha pasado.
Con Hipatia no acaba la ciencia antigua. La propia escuela alejandrina neoaristotélica seguirá pujante, y en ella todavía convivirán paganos y cristianos. La falsafa árabe tomará sus avances de los alejandrinos, y a través de los Averroes y Avempaces la trasladaran a Santo Tomás y Paris.
Tampoco Hipatia es la primera mujer científica. Recordemos a Diotima, a Teano o a María de Alejandria (la del baño)
Comparto con Rosa Montero –que sale al paso de las críticas puristas- que Ágora es un producto digno y necesario. Los aspectos comerciales y espectaculares están al servicio de la razón frente al integrismo. Y la película no cae en el desprecio de la ciencia. ¡No es poco en estos tiempos!

Post scriptum:
1) Patxi Juanicotena, un amable amante de la verdad, me ha hecho ver que en Ágora se habla de distintos tamaños del Sol según las estaciones, algo que es cierto y que era conocido por los antiguos. Los griegos quizá no llegaron a medir una diferencia tan pequeña en el diámetro pero ya Hiparco introducía un epiciclo para el Sol para explicar las abultadas diferencias en la duración de las estaciones (hasta cuatro días).

Por tanto, sí hay acercamiento solar, y por ello cambio de tamaño que es lo que dice Hipatia. Curiosamente el Sol es más grande y produce la máxima insolación en el hemisferio boreal el 3-4 de Enero de cada año.
2) Se aprecian muchas búsquedas del cono de Apolonio. La verdad es que el modelo del cine está muy logrado. En todos los Institutos hay secciones cónicas, antes de madera y ahora de plástico. No hay un cono de Apolonio como tal, Ágora da el nombre asociado por ser Apolonio de Perga el autor de Los libros de las Cónicas, para muchos el libro más perfecto de la antigüedad.
3) Otra cosa que ocasiona múltiples búsquedas es el experimento del barco. ¿Cómo algo tan evidente tardo tanto en hacerse? Por lo mismo que los dogmáticos no miraban por el telescopio de Galileo: romper con los prejuicios es difícil (en fino se llaman paradigmas)
Para observar la magnitud y sencillez del experimento bastan las siguientes consideraciones: desde un palo mayor de 5m de altura, el desplazamiento de un objeto en caída sería de 1m por cada 3,6 km/h de velocidad. Como no se aprecia es que la Tierra -nuestro barco- se mueve sin que lo notemos.